Por qué todos quieren su propia stablecoin (y qué tiene que ver contigo)

Moneda digital flotante en un entorno financiero, representando la creación de nuevas stablecoins por parte de bancos e instituciones.

Si has seguido las últimas publicaciones del blog, puede que te haya pasado lo mismo que a mí al juntar todas estas noticias: llega un momento en que cuesta saber quién está creando qué.

Tenemos una ola de nuevas stablecoins. Por un lado, 21 instituciones financieras preparan una moneda estable. Por otro, aparece Open USD, con un grupo enorme de empresas detrás. Visa presenta una plataforma. Y luego tenemos ZLUSD, vinculado a la compañía que opera Zelle.

Es bastante normal preguntarse para qué hacen falta tantos dólares digitales si ya existen USDT y USDC.

Piensa en la última vez que enviaste una stablecoin. Probablemente te preocupaste por elegir bien la red, pagar poco y que el dinero llegara. Para ti, el asunto terminaba ahí. Pero detrás de esa operación hay varias empresas interesadas en algo más: administrar el respaldo de ese dinero, procesar el pago o conseguir que la próxima vez vuelvas a usar sus servicios.

Ahí empiezan a encajar las noticias que hemos ido publicando.

El negocio que hay detrás de tu dólar digital

Vamos con un ejemplo sencillo. Imagina una moneda estable respaldada por dólares y activos líquidos, como deuda pública de corto plazo. Mientras los usuarios se envían los tokens, parte de esas reservas puede estar generando intereses.

Tú utilizas la moneda para cobrar un trabajo o enviar dinero a tu familia. Las empresas que administran esas reservas y distribuyen la moneda tienen otra fuente de ingresos, además de los servicios que puedan cobrarte.

Cuando multiplicas eso por muchísimo dinero en circulación, entiendes por qué hay tanto interés en entrar.

Ponte ahora en el lugar de una empresa que procesa pagos para miles de comercios. Si tú consigues los clientes y haces que una stablecoin se utilice, tiene sentido que quieras participar en el dinero que genera ese uso. Y si eres un banco, también te interesa conservar la relación con el cliente que empieza a mover sus pagos por otras vías.

Mi lectura es que buena parte de esta carrera viene de ahí: cada empresa quiere conservar su lugar en los pagos y participar en los ingresos que aparecen alrededor de ellos.

Los 21 bancos y ZLUSD

Red de monedas digitales e instituciones bancarias interconectadas en el mercado global.
Distintas iniciativas bancarias compiten y se entrelazan en el mercado de las stablecoins.

En el artículo sobre las 21 instituciones financieras hablamos de una alianza que incluye a Bank of America, Citi, Goldman Sachs, UBS, Deutsche Bank, Santander y BBVA, entre otros. El plan descrito es emitir una stablecoin en dólares para operaciones institucionales y pagos entre países, y después ampliar la propuesta a otras monedas.

Piénsalo desde el lado de una empresa que tiene proveedores, cuentas y operaciones en varios países. Para ella puede resultar atractivo mover dinero digital mediante una solución en la que participen entidades con las que ya trabaja. Los bancos tendrían una forma de atender esa necesidad y conservar parte del negocio.

ZLUSD tiene otro punto de partida. Según explicamos en su artículo, está vinculado a Early Warning Services, la empresa detrás de Zelle, propiedad de siete bancos estadounidenses. Entre los nombres mencionados están JPMorgan Chase, Bank of America y Wells Fargo.

Y sí: Bank of America aparece en las dos historias.

Compartir un participante no convierte a las dos iniciativas en el mismo consorcio. Lo que permite ver es que un banco puede tener intereses en varias soluciones a la vez. Una puede servirle para pagos dentro de su entorno bancario y otra para operaciones con instituciones de distintos países.

Es algo bastante comprensible si lo miras como cualquier otro negocio: una empresa puede asociarse contigo para atender a un grupo de clientes y colaborar con otra para llegar a un mercado diferente.

Eso también explica por qué conviene tener cuidado con la idea de dos bandos perfectamente separados. Aquí hay intereses que se cruzan.

Open USD: las empresas que traen los clientes también quieren cobrar

El caso de Open USD (OUSD) añade otra pieza. En el artículo que le dedicamos describimos un consorcio de más de 140 empresas, con nombres como Visa, Mastercard, BlackRock, Google, Stripe y Shopify. Aquí hablamos del proyecto de Open Standard; Origin Dollar comparte las siglas OUSD, pero es otro activo.

Lo que me parece más interesante de la propuesta es cómo plantea repartir el rendimiento de las reservas entre las empresas participantes que aportan actividad.

Llevémoslo a algo cotidiano. Supón que tienes una tienda y un proveedor te ofrece un sistema de cobro. Te funciona, tus clientes lo usan y el proveedor gana dinero con esa actividad. Ahora aparece una alternativa que, además de procesar tus pagos, te permite participar en parte del negocio que ayudas a generar.

Aunque la primera opción te funcione, seguramente vas a sentarte a hacer cuentas.

Ese es el incentivo que plantea Open USD a escala corporativa. Una empresa que aporta comercios, usuarios o volumen de pagos tendría una razón económica para impulsar esa moneda.

Visto así, se entiende la presión que un proyecto de este tipo podría ejercer sobre Circle y otros emisores. Tendrían que convencer a sus socios de que seguir usando su moneda les resulta más conveniente que participar en una alternativa compartida.

Ahora bien, repartir ingresos entre empresas socias no significa pagarte intereses a ti por tener el token. Son cosas diferentes, y es fácil mezclarlas cuando un anuncio habla de compartir beneficios.

Además, una lista larga de empresas impresiona, pero todavía hace falta que utilicen el producto. Una cosa es aparecer en una alianza y otra integrar la moneda en los pagos cotidianos de tus clientes.

Visa quiere seguir siendo parte del pago

Pantalla de laptop mostrando una plataforma de gestión de pagos y stablecoins.
Las pasarelas de pago tradicionales buscan integrar stablecoins para mantener su posición en el mercado.

Con Visa hay una distinción que ayuda mucho: la VSP descrita en nuestro artículo es una plataforma para gestionar operaciones con stablecoins. No es una moneda que tengas que añadir a tu billetera.

Su propuesta consiste en facilitarles a bancos y empresas las herramientas que necesitan:

  • Billeteras.
  • Conexiones con sus sistemas.
  • Controles y gestión de las operaciones.

Imagina que diriges un banco y quieres ofrecer pagos con stablecoins. Antes de lanzar nada, necesitas resolver quién administra las billeteras, cómo se autorizan las transferencias y cómo registras lo que ocurre. Es bastante trabajo. Un proveedor que te ayude con todo eso puede tener un negocio, aunque el token lleve otro nombre.

Según el artículo sobre VSP, su soporte inicial para OUSD conecta esta plataforma con la iniciativa de Open Standard. Esa relación permite entender cómo se complementan: una aporta el activo y la otra facilita que las instituciones lo utilicen.

Mi interpretación es que Visa busca seguir siendo útil para las empresas que procesan pagos cuando estas incorporen dinero en blockchain. Cambia la tecnología, y Visa intenta conservar una función por la que sus clientes estén dispuestos a pagar.

Entonces, ¿quién compite con quién?

Si lo resumimos, yo lo vería así: Tether y Circle tienen monedas que los usuarios ya conocen y utilizan. Los nuevos participantes quieren convencer a una parte de ese mercado de que use sus propias soluciones.

La alianza de los 21 bancos apunta al negocio institucional e internacional. El proyecto vinculado a Zelle parte de una relación bancaria ya existente. Open USD propone que las empresas que impulsan su uso participen en los ingresos. Visa ofrece herramientas para que esa actividad funcione.

Por eso pueden competir y colaborar al mismo tiempo. Una empresa puede distribuir una moneda ajena, participar en otra y contratar servicios a un proveedor que trabaja con ambas. Para conocer la relación exacta hay que mirar cada acuerdo.

Tampoco daría por hecho que los recién llegados van a desplazar a USDT o USDC solo por tener grandes compañías detrás.

Ponte en tu propio caso. Si cobras en una moneda, tus contactos la aceptan y puedes cambiarla con facilidad, necesitas una buena razón para mudarte a otra. A un comercio o a una plataforma le pasa algo parecido: cambiar implica trabajo, costos y convencer a sus clientes.

La competencia se va a notar cuando una opción haga esas operaciones más convenientes. El anuncio, por sí solo, no consigue eso.

Lo que nos interesa cuando toca cobrar o enviar dinero

Usuario en Latinoamérica revisando su saldo y transferencias en la aplicación de QvaPay.
Para el usuario final, la clave radica en la facilidad de recibir, enviar y cambiar su dinero.

Todo esto puede parecer bastante lejano hasta que alguien te dice que quiere pagarte en una moneda que nunca has usado.

Si haces un trabajo por 200 dólares y tu cliente propone enviarte una nueva stablecoin, antes de aceptarla seguramente querrás saber:

  • Si tu billetera la recibe.
  • Dónde puedes cambiarla.
  • Cuánto te queda después de las comisiones.

Esa es la parte que nos toca de cerca en Cuba y Latinoamérica.

Más participantes podrían traer mejores conexiones entre bancos, empresas y servicios de pago. También podrían repartir el dinero disponible entre muchas monedas distintas, obligándote a hacer conversiones adicionales. Y que una empresa reduzca sus costos no garantiza que te cobre menos: habrá que ver cuánto de ese ahorro llega al usuario.

Con el acceso pasa algo parecido. Que un token circule en una blockchain pública no te dice, por sí solo, qué condiciones pone su emisor o qué requisitos exigirá la plataforma donde quieres cambiarlo. Tampoco permite asumir que tendrás acceso directo desde Cuba.

Para quien usa QvaPay o un mercado P2P, la prueba es muy concreta: poder recibir el dinero, utilizarlo o cambiarlo cuando lo necesita, con costos y condiciones que entiende.

Si una moneda nueva facilita eso, tendrá una utilidad que podrás reconocer en tu día a día. Si añade pasos, restricciones o gastos, el tamaño de las empresas que la apoyan te va a servir de poco.

Conclusiones: con lo que yo me quedaría

Al mirar de cerca estas noticias, veo empresas intentando resolver una preocupación bastante humana: que el negocio cambie y las deje fuera.

Los bancos buscan seguir atendiendo los pagos de sus clientes. Las grandes plataformas quieren que el volumen que aportan les genere más ingresos. Visa quiere conservar su papel como proveedor. Y quienes ya emiten stablecoins tienen motivos para defender las relaciones y el uso que han construido.

Todavía queda por ver cuánto de cada propuesta termina funcionando y qué soluciones consiguen usuarios de verdad. Habrá alianzas que prosperen, otras que cambien de rumbo y empresas que participen en más de una a la vez.

Yo seguiría estas noticias con interés, pero las mediría con una pregunta bastante sencilla: ¿qué mejora esto cuando me toca cobrar, pagar o mandar dinero?

Porque ellos están haciendo cuentas para conservar su tajada del pastel. A nosotros nos conviene hacer las nuestras: cuánto enviamos, cuánto llega y qué podemos hacer con ese dinero.

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Descargo de Responsabilidad: Este artículo tiene fines puramente informativos y educativos. Las opiniones expresadas aquí no constituyen asesoramiento financiero, de inversión ni legal.

Dariel Trelles
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